lunes, 11 de junio de 2012

Tormenta de verano.



Y aquí estoy, delante de la pantalla del ordenador, viendo como el dichoso cursor parpadea incitándome a escribir. Mierda, no tengo nada.
Hay tormenta y siempre que hay tormenta escribo algo bueno, creo que hoy va  a ser una excepción.
Las tormentas me gustan, me parecen relajantes. La calma que las precede y el caos que las acompaña. Recuerdo que cuando era pequeña todos los niños gritaban al oír un trueno, yo sin embargo abría mucho los ojos, emocionada, excitada por ese ambiente nervioso que se apoderaba de todo el mundo.
Aun lo sigo haciendo.  Si por mí fuera tendría todas las ventanas de la casa abiertas, pero dicen que es peligroso, así que me limito a pegarme al cristal y ver las gotas caer. Cosa que estaba haciendo hacia escasos minutos, cuando he recordado que siempre que hay tormenta escribo algo bueno. Mierda, hoy no va a ser uno de esos días.
Cuando hay tormenta siento una extraña paz. Todo se queda en silencio hasta que llegan los truenos, sucediéndose uno detrás de otro haciendo llorar a los más pequeños y relajándome a mí.  Es como si durante ese periodo de tiempo todas las ideas, sentimientos y demás desbarajustes que vagan por mi cabeza encontrasen su lugar. Como si yo realmente encajase en algún sitio.
En un año en el que todo ha cambiado tanto me alegra encontrar dentro de mi algo de mi “pequeña yo”.  Algo que me recuerde que sigue ahí, que yo sigo ahí. Aunque sea el simple detalle de que adoro las tormentas.


4 comentarios:

  1. Joe la que no tenia nada... parece que las tormentas te inspiran muy enserio. Te ha quedado precioso. Me ha dejado sin palabras, se te da muy bien escribir.

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