domingo, 24 de enero de 2016

Sunday's evening song






Y tal vez, sólo necesitemos a alguien que nos haga ver que no pasa nada porque nuestras manos estén frías siempre.
O porque nuestro pelo este tan enmarañado como nuestras ideas.
Alguien que considere que la risa excéntrica y los estornudos sonoros en momentos inoportunos no son necesariamente defectos.
Tal vez, solo necesitemos a alguien que nos agarre la mano en los momentos de miedo y que nos deje repetir el dialogo de nuestras películas favoritas cuando se reproducen por millonésima vez, porque para eso es son las favoritas.
Alguien que cuando nos mira nos de fuerza suficiente para comernos el mundo y que nos haga entender que los inviernos no son tan malos.
No sé, tal vez alguien que se haya dado cuenta de que los demás se equivocaban y reconozca que sí, que merecemos la pena sin tener que esforzarnos por hacer nada más que ser nosotros mismos.
De hecho, echad de vuestras vidas a quien os haga que sentir que no sois suficiente siendo exactamente tal y como sois.


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Enero trae de vuelta viejas costumbres, el domingo vuelve a ser mi día favorito de la semana.
 

jueves, 7 de enero de 2016

Soy mi pequeña miss Sunshine



Moño desecho, ojeras, pecas casi inapreciables sobre mi nariz, camiseta a modo de camisón. Empiezo a pensar que vivir en bragas y sin sujetador es la máxima expresión de libertad una vez entras en la veintena. Una declaración de intereses en toda regla.

Sobre la cama rasgueo las cuerdas de la guitarra, hoy suena mejor que ayer pero peor que antes, tal vez ya no es mía, tal vez ya no me quiere. Aún así sigo tocando, mis dedos se cansan de seguir partituras y ahora inventan, plasmo con las cuerdas los colores que veo en mi cabeza y susurro una letra que escribí hace tiempo pero que creía olvidada.

Me siento bien, me siento feliz, siento que podría correr kilómetros, correr descalza y no parar hasta llegar al mar.

Oh, cuentas ganas tengo de mar.

Y de viajar.

Y de bailar.

Y de besar mucho.

De besar todo el rato.

Tengo esperanza en los años que acaban en números pares, y en los que acaban en impares también, la verdad. Tengo fe en todo y en todos hasta que se demuestra que debo dejar de tenerla.

Rasgueo un rato mas, me rio sola, subo la voz sin miedo.

No tengo miedo.

¿Lista?      

Allá vamos.