miércoles, 22 de octubre de 2014

Miercoles de (mis) ceniza(s)

Cuando muera, porque es una certeza que de aquí no sale vivo nadie, quiero que esparzan mis cenizas en el océano Atlántico. Porque mi madre siempre dice que tengo la cabeza bajo el agua y mi abuelo asegura que he sido más pez que niña.

Pero eso solo es un pequeño detalle. También pueden meterme en una maleta, las cenizas quiero decir, cualquier otra opción sería muy macabra, y dejarme en un gasolinera del extranjero. Porque suelo acabar perdida.

Lo cierto es, que me da bastante igual lo que hagan con lo que quede de mi. Solo pido que recuerden como me rio, primero sin hacer ruido y luego a hipidos porque me falta el aire. Que recuerden que me gusta el Cola-Cao para desayunar y el buen sabor de boca que deja el café después de una gran comida familiar. Que recuerden mi pelo excesivamente rizado y la peca que tengo encima de la ceja izquierda. Solo espero que recuerden lo mucho que me gustan los aviones y las comedias románticas. Pido que recuerden que me muerdo los labios cuando estoy nerviosa y que  que disfruto hundiendo los pies en la arena mientras leo. Que odio que se mastique el chicle con la boca abierta y que adoro andar descalza. Que recuerden que siempre voy acompañada de mis cuadernos porque yo sin escribir no soy. Que me duermo en posturas raras y que si comparto cama me abrazo a mi pobre víctima.

Aunque, es todo palabrería.

Lo cierto es, que espero que las personas que me sobrevivan no olviden jamás lo que les hice sentir un sábado a las cuatro de la madrugada en esta parte del mundo o en la otra mientras con mis ojos rasgados les susurraba que les quería.





No suelo tardar tanto en publicar, me regaño a mi misma por tardar tanto en actualizar, intentare que no vuelva a pasar. Muchas muchas gracias a todos los que comentáis en cada una de las entradas, pero en especial a todos los que habéis dejado vuestras palabras en la anterior, necesitaba sentirme acompañada en esta sequia literaria.
Un beso a todos y feliz miércoles.
 

domingo, 5 de octubre de 2014

Life's full of little interruptions



Estoy asustada.
Recuerdo que empecé a escribir con cinco años, fui una niña precoz en ese aspecto. Siempre iba acompañada de un cuaderno de Mickey Mouse naranja en el que escribía con letra grande y redonda. Mi primera historia fue sobre una bruja, siempre he adorado las brujas, una historia que iba leyendo a todo el mundo (quien quisiera oírlo y quien no, me daba igual). Me sentía cómoda delante del papel, he crecido con un bolígrafo entre los dedos y miles de personajes a mi lado. Nunca he sentido miedo porque sacaba mis demonios con tinta.
Pero ahora...ahora estoy asustada. Tengo mucho miedo y no puedo sacarlo de mi. Ya no creo, ya no garabateo en servilletas y grabo notas de voz con ideas. Me limito a guardar frases cortas, reflexiones y alguna que otra canción de (des)amor, soy incapaz de crear un mundo en el que evadirme y me agobia la idea de haberme perdido. Me agobia la idea de haber tocado tierra y ser incapaz de huir de la monotonía. Antes era tan sencillo, tan natural...una prolongación de mi misma. ¿Prolongación? ni eso, escribir era ser yo, ser libre.
Ahora estoy estática. Ahora estudio, ahora vivo una buena etapa con alguna que otra salpicadura de decepción y dolor, pero una buena etapa al fin y al cabo. ¿Ahora ya no imagino, es eso? ¿Tiene algo que ver con dejarse atrapar con la rutina? ¿Hay algún medicamento?
Si alguien encuentra a la niña de rizos que siempre tenía la cabeza en la luna, decidle que la busco, que la necesito.