domingo, 19 de abril de 2015

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Movía el cigarro sin encender entre los labios, con la vista clavada en la autopista. Cuando le miraba a los ojos sabia exactamente en que pensaba y él tenía la capacidad de hacer lo mismo conmigo. A veces daba miedo saber que podía entrar en mi mente sin dificultad, era estar expuesta confiando en que no me haría daño. 

Se revolvió el pelo con la mano aun concentrado en lo suyo, sin percatarse de que yo analizaba sus rasgos. Era atractivo y lo sabía. Y como me jodia que lo supiera y a ratos, como me gustaba que se lo tuviera tan creído.

Y yo que sé. Y yo-que-sé.

Desabroche mi cinturón y clave las rodillas sobre el asiento para pasar medio cuerpo sobre la palanca de marchas y así poder abrazarle.

 Cuantos bichejos se habían estampado contra el cristal.

¿Acabaríamos nosotros como ellos?

Y yo que sé. Y yo-que-sé.

Le quite el cigarro de la boca para sujetarlo con la mía.

Era en momentos como aquel, disfrutando del silencio y la carretera, cuando me daba igual si a ratos éramos June Carter y Johnny Cash o Nancy y Sid Vicious. Si nos la pegábamos literal o metafóricamente.  

Si...

Y yo que sé. Y yo-que-sé.

Pero no quería llegar nunca.