jueves, 4 de abril de 2013

Entonces tomamos una taza de té.

 

Y lloro.
Lloro mucho.
Cerrar un libro es decir adiós a personajes que durante largas horas de lectura han sido compañeros de viaje. Cerrar un libro despedirse de gente irreal a la que has querido y que por culpa del escritor querrás siempre. Cerrar un libro es haberte convertido en una persona nueva al guardar los secretos y lecciones de esos nuevos amigos que no vas a ver más.
Parecerá ridículo, pero yo voy a echar de menos a la señora Michel y a su gato León, a Paloma al señor Kakuro y a Manuela, incluso voy a añorar a la ridícula de Colombe Josse. Estos personajes de Muriel Barbery me han hecho aprender, plantearme ideas y filosofar. A través 364 hojas de deliciosa lectura he viajado a Paris, a un edificio de ricos y pobres donde casi todos están ciegos, ciegos por no saber ver las camelias sobre el musgo.
Y cualquiera que me lea pensara que me he trastornado. ¡Finalmente! Pero no, solo estoy dedicando una entrada al libro más delicioso y bello que he leído jamás.
Odio a Muriel Barbery y a su dichosa novela. “La elegancia del erizo” es Arte, y el Arte es vida, pero con otro ritmo.
 
“Esos días uno necesita desesperadamente el Arte.”
“Wabi significa <<una forma desdibujada de lo bello, una clase de refinamiento disfrazado de rusticidad>>”
“La eternidad: ese invisible que contemplamos.”




1 comentario:

  1. A pesar de que aún no lo he terminado estoy más que segura de que acabaré con la misma sensación que tu

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