sábado, 13 de febrero de 2016

Saudade



                    Tengo las manos frías, como siempre, pero no me quejo porque estoy feliz. Hoy será una buena noche, me encanta el plan al que te he arrastrado -y tú te has dejado arrastrar- , aunque últimamente todo está siendo una montaña rusa aquí seguimos. Sobrevivimos.
                Me miras y preguntas si quiero tu abrigo; una marinera con los ojales rojos que te sienta...como te sienta, pero no tengo tanto frio.
                En realidad si quiero que me abrigues, pero que me abrigues tu, que me rodees con tus brazos y dejes que apoye la cabeza en tu pecho.  Porque más que tener frio estoy cansada.
                Estoy cansada de que demos dos pasos hacia delante y tres para atrás, estoy cansada de tu indecisión, de que si, de que no. Estoy cansada de mi misma y de las decisiones que tomo.
                La noche empieza con sonrisas y susurros, con guiños y miradas que solo nosotros entendemos. Estoy más pendiente de tus manos que de la representación, más atenta a tu cara concentrada, a tu mandíbula apretada, a...y de repente noto que te vas. Es absurdo, estas junto a mi pero dejas de estarlo. Me he vuelto a perder.
                Me pierdo en tu juego, me pierdo en tu silencio; que cae de golpe, seco. Te alejas, te arrepientes, no sé qué piensas, vuelves, y todo esto desde la butaca de al lado. Te siento en niveles que jamás creí poder sentirte y creo que eso te asusta, creo que te asusta saber que hemos pasado de conversaciones en las que te ponías rojo a una conexión más profunda que te obliga a ser vulnerable. Y te asusta, te asusta desnudarte de esa manera. Y a mí me asusta que creas que te voy a hacer daño.
                Pero lo cierto es que voy a hacerlo. Porque de golpe he visto en ti nombres del pasado que no quiero recordar, me he visto a mí, en futuro, y me veía sola. Y verme así ha sido la respuesta.
                Porque hay etapas para todo y para todos y tal vez lo que necesito es ser yo, yo misma contra el mundo. Tal vez necesite ser mi propia pareja, mi propia amiga, mi propio equipo durante un tiempo.
                Encontrar de esta manera el lugar al que pertenezco.
                Tal vez así -tal vez por casualidad- encuentre con quien pertenezco.
                O tal vez lo que encuentre es que no necesito más que pertenecerme. 
                Aquí y ahora.

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Mi reloj dice que son las 1:29 del 14 de febrero.
Menos mal que nunca he creído en San Valentín.

5 comentarios:

  1. Me ha gustado muchísimo el final. Puede parecer triste o algo, pero la verdad es que me alegro, me gusta ese final. Me gusta la idea de ser nuestra propia pareja. Yo siempre pienso que tenemos que ser la persona a la que más queramos del mundo, porque con nosotros mismos vamos a estar toda la vida.

    (saludos)

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    1. Debería estar triste, pero lo cierto es que ser tan consciente de lo que necesito me resulta extrañamente ratificante y me aporta paz. Me alegra haber podido trasmitirlo y que te haya gustado.
      Un abrazo.

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  2. Un relato muy bonito, un positivismo con ganas de comerse el mundo de la mano de alguien a quien amas.

    ibeatforlove.blogspot.com

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    1. En realidad es todo lo contrario.
      O tal vez, no radicalmente contrario y simplemente ganas pero en pasado.

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  3. Aunque me gustan mucho tus diferentes categorias de entradas en tu blog (las de tus imágenes mensuales, tus playlist y ahora tus recomendaciones de arte) he de decirte que me gustan más estas donde se ve que entre ficciones y realidades tus confesiones se asoman en cada palabra, si me equivoco permíteme disculparme, quizá sólo me estoy proyectando jaja. Creo que se puede encontrar positivismo, redención y amor en uno mismo cuando la persona que se supone debe inspirarnos no lo hace. "El amor sin admiración no es amor; siempre estará incompleto."

    Un beso.

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